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Lo más difícil es querer a alguien y ser lo suficiente valiente para dejar que te quieran.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Pistolas de sangre caliente...

No Tenia ni quince años pero ya había aprendido a correr en todas las direcciones. Sus padres pensaban que solo era un chico nervioso. Decían: tarde o temprano se consumirá la mecha .A él no le gustaban ni las escaleras, nunca cargaba pesos y siempre debía dinero. Se pasaba los fines de semana disparado con anfetaminas, tenias que estar muy atento si querías verlo pasar. Sabe todo lo que hay que saber de esas drogas de mierda que viene de las islas .A veces pasaba algo si estaba apurado. Llevaba una preciosa sonrisa pintada en la cara. En su cabeza se encendían llamas de todos los colores antes de que sus pies volvieran a tocar el suelo, lo lunes no podías contar con él para una partida de ajedrez. Tenia una chica que no llegaba a los trece, estaba muy desarrollada pero era simpática como una niña. Era la pareja más feliz del barrio, no había ninguna canción que no supieran bailar. Algunos pensaban que eran un poco jóvenes para ese tipo de vida, pero otros pensamos que todos somos demasiados jóvenes para cualquier tipo de vida.
Todo iba bien hasta que su chica empezó a salir con uno de esos tíos que tiene un coche que estuvo a punto de correr en Indianápolis, él sabia que aquel tipo era un mierda y yo sabia que él era un mierda y todos sabían que era una mierda, pero al parecer ella no lo sabia. El resto de la historia ya no es muy divertido. Ella lloraba como una niña y él lloraba como un niño mientras el Hombre mierda lo manchaba todo como un hombre. Porque el Hombre mierda empezó a pegar a la chica con el tiempo, a despreciarla en ocasiones, Y cada vez iba a más. Le vi. Algún tiempo después y aún parecía estar a punto de cumplir los quince, era un chico tan guapo que el tiempo parecía haberse olvidado de él.
Me dijo: Se que algunos pensaban que yo no la cuidaba pero te juro por Dios que conmigo estaba segura.
Yo le dije: Eso ya lo sé, deberían vender pistolas sin licencia para que los niños que nunca cumplirán los cuarenta pudieran defenderse de los hombres que nunca tuvieron quince años.

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